En 2009, el año del 60 aniversario de la Revolución, llegué a la capital de China para trabajar como profesor en la Universidad de Pekín, el mismo centro donde Mao Zedong fue bibliotecario en su juventud, donde décadas después se fraguaron las revueltas estudiantiles que culminaron en la masacre de Tiananmen y hoy se forman las élites en un momento crucial de la historia del país. Había planeado mi viaje para encontrar una novela. Viviendo día a día su perturbadora y a la vez fascinante vorágine social, fui dándome cuenta de que la propia Pekín ya se constituía como una ficción que superaba cualquier realismo.
En El Cielo de Pekín, seis personajes y sus vidas cruzadas sirven como testimonio de un lugar donde las predicciones futuristas en su versión distópica toman carta de realidad. En la capital del mundo, millones de vidas confluyen en una maraña de anhelos y pesadillas ligadas al sueño del progreso y sus contradicciones, protagonizando sucesos extraordinarios, propios de la imaginación de un cineasta o un dibujante de ciencia ficción. Cada habitante de Pekín debe enfrentar sus deseos de libertad a ese proceso de consolidación de un estado cuyo poder de control toma formas nunca antes imaginadas. ¿Cómo sobrevive el individuo en ese nuevo hábitat desnaturalizado? ¿Cómo sobreviven las pasiones, las emociones, el lado más humano, al imperio de la tecnología y el control?
En especial, El Cielo de Pekín habla del encuentro de los occidentales con una perifieria que ya no es colonizada sino colonizadora. De la crisis de identidad de los europeos y norteamericanos arrojados al mundo del futuro, donde han dejado de ser los progatonistas. Del habitante genuino del siglo XXI, el ciudadano global que se sube en un avión y comienza una vida en la otra punta del planeta, valiéndose de redes que le permiten habitar varios espacios, pero a la vez lo disuelven en la confusión. En esa búsqueda de la identidad, el personaje global tiene que enfrentarse a sus demonios íntimos y las enormes fuerzas que rigen una sociedad que lo atrapa y rechaza al mismo tiempo. Estas historias dignas de la imaginación de un novelista, suceden hoy en Pekín. En El cielo de Pekín he querido dar cuenta de ellas.