Soy uno más de los jóvenes que se han concentrado estos días en la Plaza de la Constitución para pedir justicia y democracia. Quizás tú también te has acercado por las acampadas, o has seguido desde casa la evolución de este movimiento. Quizás formas parte de los millones de personas que hoy ansían manifestar su descontento, y plantarle cara a una clase política que ha dejado de escucharnos, y gobierna para beneficiarse y beneficiar a unos pocos, segura de su impunidad ante una ley cortada a su medida. O quizás no.
Las acampadas nos han dado un comienzo. Ahora, nos esforzamos para mantener la llama de la protesta que encendió el 15M, convirtiéndola en un movimiento de solidaridad que transforme la indignación en ilusión por un bien colectivo. A base de errores y aciertos, de discursión y consenso, y de un enorme esfuerzo, estamos convirtiendo en acción lo que antes solo era opinión y buenas intenciones. Es la acción lo que tanto ha desconcertado a nuestros políticos, y a todos los que juzgaban a esta sociedad incapaz de cualquier cosa que no fuera mirar por el interés individual: la acción colectiva.
Estos días, cientos de miles de jóvenes españoles descubrimos la experiencia de trabajar juntos para intentar mejorar la sociedad. Mientras, otros que fueron jóvenes, nos miran con la simpatía de quienes vivieron lo mismo. También muchos nos miran escépticos, sin esperanzas. Al fin y al cabo, estos tiempos no dan mucha esperanza a quienes sufren desempleo, ven amenazado su hogar, o viven angustiados por las deudas y la precariedad. Son problemas enormes, que no va a cambiar ningún movimiento ciudadano. Pero hay cosas que sí pueden cambiar. Quienes estaban solos en su lucha contra el sistema, ahora pueden estar acompañados. Y quienes no se resignan a ser víctimas pasivas de abusos e injusticias, pueden unirse a la causa más digna que existe: ayudarnos los unos a los otros.
Sabemos que todo lo que nos une, nos hace más fuertes. Y que cada vez nos hace más falta el apoyo de la comunidad para actuar localmente, y presionar globalmente. Porque cuando el destino de un trabajador o un estudiante de Salamanca se está decidiendo en un despacho de Bruselas, o en una reunión de líderes empresariales a miles de kilómetros, ya no hay lugar a que cada uno se enfrente a esa situación por su cuenta. El próximo domingo 19 de junio se nos presenta una gran oportunidad para solidarizarnos en torno a una causa común, acudiendo a una manifestación convocada en todas las ciudades de Europa, y que en Salamanca se celebrará en la Plaza Mayor a las 18.30 horas. Estamos llamados a proclamar nuestro profundo desacuerdo con lo que se ha llamado El pacto del Euro, un paquete de medidas dictadas desde Europa que se resumen en una idea: los ciudadanos pagan la crisis, y quienes la provocaron cobran con una mano y con la otra recortan gravemente nuestras prestaciones sociales. En Internet y los medios más imparciales hay mucha información al respecto, que te animo a que consultes. Para empezar, puedes terminar de leer esta carta, donde te resumo algunas de las medidas más dramáticas (fuente ver [1]):
- Se establecerán sistemas permanentes de revisión de las pensiones aumentando la edad de jubilación y reduciendo el importe de las mismas (al ampliar el número de años para su computo) cuando la situación económica lo exija (es decir cuando la Comisión lo decida).
- Se reforzará la reestructuración de las Cajas de Ahorro, es decir, se avanzará en su definitiva privatización, cuando si algo ha quedado claro en la actual crisis es la necesidad de la existencia de una banca pública capaz de canalizar financiación a empresas y familias en momentos como este, en que la banca privada está asfixiando a consumidores, pequeñas y medianas empresas del país con congelación del crédito.
- Se reducirán las cotizaciones a la seguridad social y aumentará el IVA y los impuestos sobre la energía. Esto significa en principio recortar los salarios, ya que las cotizaciones a la seguridad social son también parte del mismo. Las cotizaciones sociales financian las prestaciones cuando estamos de baja por enfermedad, las pensiones contributivas, el desempleo y la formación profesional.
- Se seguirá en la espiral de aumentar los impuestos indirectos que gravan las rentas de todos los ciudadanos indistintamente de cual sea el volumen de la misma. De esta forma, todos soportamos igual tipo de carga impositiva al margen de nuestra situación económica, de modo que paga lo mismo el banquero Botín que un parado de larga duración. Para colmo, esta espiral de aumentar impuestos indirectos y reducir los directos y progresivos (IRPF) va contra los principios constitucionales consagrados en nuestra carta magna: el principio de capacidad económica, que mandata que los impuestos deben gravar la economía de los ciudadanos según el patrimonio de cada cual, y el de progresividad, que nos dice que a mayor renta debe corresponder una mayor cuota fiscal.
¿Qué piensas tú? Yo, como salmantino y ciudadano, no me resigno a soportar sin queja un atropello más de los innumerables que se han cometido en nombre de la buena marcha de la economía. No me resigno a aceptar recetas que pretenden fulminar los derechos que con tantísimo esfuerzo consiguieron nuestros padres, cuando esas recetas son propuestas por las mismas personas y organismos que nos precipitaron a esta gravísima situación. La clase política ha traicionado el voto de confianza que depositamos en ellos, enseñándonos una lección dolorosa que debemos aprender cuanto antes. Ya no podemos confiar en la buena voluntad de políticos e instituciones, que deben ser sometidos a una vigilancia constante. Ya no podemos permanecer pasivos, sino que debemos emprender acciones colectivas, pacíficas y democráticas, cada vez que el bien común se vea amenazado por intereses espurios. Esa es la única consigna que congregó a cientos de miles de jóvenes españoles en las acampadas del 15M, y la que debería unirnos a millones de ahora en adelante, en citas puntuales pero cruciales, como la que se producirá el 19 de Junio en las ciudades de toda Europa. Porque es la fuerza del sentido común de la mayoría, y su presencia en las calles, la única fuerza que nos queda. Ha llegado la hora de dejar de sentirnos meras víctimas de estos graves problemas, y comenzar a sentirnos parte esencial de su solución. Nos necesitamos los unos a los otros más que nunca, pero si estamos juntos, ya no podrán ignorarnos. El día 19, España volverá a vivir algo único. Nuestra ilusión continua intacta.
Si crees en esto, por favor, difunde esta carta entre tus contactos.
Y si crees en esto y además tienes una impresora, imprime el cartel que sirve a esta entrada y pégalo en tu espacio
[1] Fuente:
http://www.attac.es/que-es-el-pacto-del-euro-y-porque-se-convoca-el-19j/
:

El apoyo de la gente los primeros días fue esperanzador, pero cuando el efecto novedad desapareció y las críticas y mentiras de los mass media empezaron muchos abandonaron el barco con destino a la democracia. Algunos por desinterés, otros porque creen erróneamente que la política “no van con ellos” y otros…porque aun no falta el pan. Todas las revoluciones de la historia se hicieron en condiciones de penuria, ahora estamos en ellas pero es una penuria tan camuflada que la mayoría de las personas ni se dan cuenta de ella. Al pueblo siempre se le ha movido por el corazón, no por la razón; y eso no debemos olvidarlo. Buen texto
Y muy buenas tus reflexiones, Sybil.
Soy Olaia, Miguel xD