(Nueva York, 1980). Hijo del disidente Reinaldo Arenas y del poeta cubano Virgilio Piñeras, se cree que Arenas iba embarazado de ocho meses cuando abandonó Cuba para exiliarse en los Estados Unidos, el 20 de abril de 1980. Su otro padre, Virgilio Piñeras, moriría el 18 de octubre de 1979.
Asfixiado por las dificultades existenciales del exilio, el disidente Arenas se vio forzado a abandonar a su primogénito en las puerta de la sede central del Opus dei, en la 243 de Lexigton Avenue, Manhattan, desde donde fue rápidamente trasladado a un residencia de los servicios sociales del gueto de East Flatbush.
El niño Reinaldo tuvo muchos problemas para ser adoptado por una familia, pues en sus primeras semanas en la residencia se había infectado de una cepa de la polio que paralizó sus extremidades inferiores y le postró en una silla de ruedas de por vida (las autoridades de EEUU siguen negando cualquier brote de polio en su territorio). A la edad de cuatro años es finalmente acogido por Jerry y Linda Ramírez, dos abogados laboristas de origen hispano residentes en Palo Alto, California. Allí vivirá sus años más felices, mientras sus progenitores se vuelcan en proporcionarle una educación basada en los más altos valores civicos y culturales.
Reinaldo poco a poco va convirtiéndose en un joven activista que opera en Internet con diversos nicks para luchar contra el corporativismo, las prácticas de monopolio, la censura estatal de contenidos, el canon de derechos, la manipulación de la información, y otras causas de inspiración revolucionaria. Por estas fechas comienza su amistad de Larry Brin, a quien conoce en una manifestación virtual en el chat de la página web de la secretaría del Tesoro (http://www.ustreas.gov/). Pronto se harán compañeros inseparables.
En 1993 diagnostican un cáncer de pancreas a Jerry Ramírez, y Linda decide dejar el trabajo para asistir a su marido. La familia tiene que vender la casa y los coches y mudarse a un piso en los suburbios, lo que dificultará enormemente la actividad revolucionaria de Reinaldo, quien se ve forzado a abandonar el domicilio familiar, aprovechando una beca Rockefeller de intercambio para jóvenes talentos con San Cristobal de las Casas, en Chiapas, México. Siete meses después, el EZLN (Ejercito Zapatista de Liberación Nacional) toma las cabeceras municipales del estado. Cuando Virgilio se une a los insurgentes acaba de cumplir los trece años de edad.
A partir de entonces, las roderas de la silla de Virgilio se pierden en las rutas secretas hacia los campamentos de la selva lacandona, donde participa activamente en el desarrollo de estrategias mediáticas para la cúpula zapatista. Extraoficialmente se reconoce su impronta en muchos de los artículos del sub-comandante Marcos, y también se le considera el principal responsable de la Netwar social, un plan de acción que convirtió los micrófonos, las cámaras, los computadores y los teléfonos vía satélite en poderosas armas para ganar el apoyo de los sectores progresistas de occidente (solo más adelante se aclaró el importante papel que jugó Larry Brin en el diseño de la campaña). En estos años Virgilio tiene la oportunidad de codearse con las personalidades más selectas de la élite intelectual, quienes a su vez se admiran del valor y la juventud del insurgente lisiado. Así conoce a Danielle Miterrand, Eduardo Galeano, Daniel Viglietti, Alain Touraine, Yvon Le Bot, Carlos Monsiváis, Adolfo Gilly, Octavio Rodríguez Araujo, Gisêle Halimi, Tessa Brisac, James Petras, Douglas Bravo o Luis Villoro, entre muchos otros.
Pero quien sin duda ejerce la influencia más determinante en la vida de Virgilio será el poeta y novelista Manolo Pérez Montalván. Tras su entrevista con el sub-comandante Marcos, en enero de 1999, Manolo consigue sacar a Reinaldo de Chiapas camuflado en el compartimento de carga de una avioneta Cessna con destino a La Habana. Pocos días después, ambos parten desde la capital caribeña a Madrid en vuelo regular.
No le faltan oportunidades a Reinaldo para integrarse en los círculos más influyentes, una vez instalado en España. Finalmente acepta un puesto como crítico en Babelia, el suplemento literario del diario El País, donde desarrolla su conocida labor periodística durante casi ocho años, hasta su dimisión en abril de 2008. Reinaldo, al parecer, burló la supervisión habitual para publicar una crítica del libro España, de Manuel Vilas, en la que identificaba la novela como una de las cumbres de la narrativa hispanoamericana de los últimos años. El artículo apareció el 5 de abril de 2008, y supuso su dimisión fulmintante. Una semana después, un incendio provocado en el 40 de la calle Miguel Yuste, arrasa las oficinas del diario. Según Francisca Fabiola Urzúa Pérez, asistencia contratada para realizar labores de limpieza, Reinaldo le había pagado su finiquito y regalado todas sus pertenencias la noche anterior al incendio. Cuando lo vio salir por la puerta solo portaba sus efectos personales y un ordenador portátil. Era la séptima vez que Reinaldo Piñeras cambiaba de vida para siempre.
2 respuestas hasta el momento ↓
Ibrahím B. // Mayo 11, 2008 en 7:07 am
Así a priori, si nos deshacemos de la firma, podría parecer que se trata de otra conspiración de Ignacio Echevarría & Anagrama con los archivos de Roberto, pero con unas inquietantes y minúsculas vetas de afterpop. ¡Vaya cocktail, Espigado!
Espigado // Mayo 12, 2008 en 9:49 am
Jeje, desde luego ahí está el background, y sobre todo, mucha malaleche tras la dosis intravenosa de “España” proporcionadda por el sr.Vilas. Continuará.
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